Validación de Métodos y el Principio de "Adecuación al Propósito"
En el riguroso mundo de la ciencia analítica, la confianza en los resultados es la piedra angular sobre la que se construyen decisiones críticas. Desde garantizar la seguridad de un nuevo medicamento hasta monitorizar la calidad del medio ambiente, los datos precisos y fiables son indispensables. Pero, ¿cómo podemos asegurar que un método analítico es realmente fiable? La respuesta reside en dos procesos fundamentales: la validación y la verificación, ambos gobernados por un principio rector conocido como "Adecuación al Propósito" o "Fitness for Purpose".
Desentrañando los Conceptos: Validación y Verificación
A menudo utilizados indistintamente, los términos validación y verificación tienen significados distintos en el contexto de los métodos analíticos.
La validación de un método analítico es el proceso exhaustivo mediante el cual se establece, a través de estudios de laboratorio, que las características de desempeño de dicho método cumplen con los requisitos para su aplicación analítica prevista. En esencia, es la demostración documentada de que un método es adecuado para su uso previsto. Este proceso lo suele llevar a cabo el desarrollador o fabricante del método.
Por otro lado, la verificación es la confirmación, mediante la aportación de evidencia objetiva, de que se han cumplido los requisitos especificados. En términos más sencillos, cuando un laboratorio adopta un método ya validado (por ejemplo, de una farmacopea o del fabricante de un kit), debe verificar que puede replicar el desempeño del método en sus propias instalaciones, con su personal y sus equipos. La verificación es, por tanto, una validación secundaria o parcial.
La diferencia clave radica en el "uso previsto" frente a los "requisitos especificados". La validación establece que el método funciona para un propósito general, mientras que la verificación confirma que funciona correctamente en un laboratorio específico.
El Principio Rector: "Adecuación al Propósito"
El concepto de "Adecuación al Propósito" es el pilar sobre el que se asienta toda la validación y verificación de métodos. Este principio dicta que el grado de rigor y los parámetros de evaluación de un método deben ser proporcionales a la importancia de las decisiones que se tomarán a partir de los resultados que genere. En otras palabras, un método debe ser "lo suficientemente bueno" para el uso que se le va a dar.
La Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) define la "Adecuación al Propósito" como el 'grado en el cual los datos producidos por un proceso de medición permiten a un usuario tomar decisiones técnica y administrativamente correctas para un propósito establecido'.
Esto implica una comunicación clara y un acuerdo entre el analista y el usuario final de los datos para definir los requisitos del método. No todos los métodos necesitan ser ultraprecisos o detectar concentraciones infinitesimales. El contexto es el rey.
Ejemplos Prácticos de "Adecuación al Propósito"
Para ilustrar este principio fundamental, consideremos algunos escenarios:
1. Industria Farmacéutica: Liberación de un Lote de Medicamentos
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Propósito: Cuantificar el principio activo en un comprimido para asegurar que la dosis es correcta y segura para los pacientes.
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Requisitos del método:
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Veracidad y Precisión (Componentes de la Exactitud): Para garantizar la dosificación correcta, el método debe ser excepcionalmente exacto. De acuerdo con el Vocabulario Internacional de Metrología (VIM), esta exactitud se demuestra a través de dos pilares fundamentales:
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Alta Veracidad: El método debe proporcionar resultados cuyo promedio sea extremadamente cercano al valor real o de referencia. Esto asegura que el método está libre de sesgo sistemático.
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Alta Precisión: El método debe ser altamente repetible, es decir, las mediciones individuales deben estar muy próximas entre sí, minimizando el error aleatorio.
La combinación de alta veracidad y alta precisión es indispensable para garantizar que cada comprimido contenga la dosis correcta, ya que un error en cualquiera de estos parámetros podría tener graves consecuencias para la salud del paciente.
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Especificidad: El método debe ser capaz de medir inequívocamente el principio activo en presencia de excipientes, impurezas y productos de degradación.
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Robustez: El método no debe verse afectado por pequeñas variaciones deliberadas en sus parámetros (por ejemplo, diferentes analistas o instrumentos), demostrando su fiabilidad en el uso rutinario.
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2. Monitoreo Ambiental: Detección de un Contaminante en Agua Potable
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Propósito: Determinar si la concentración de un pesticida específico en el agua de un embalse supera el límite legal establecido para el consumo humano.
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Requisitos del método:
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Límite de Detección y Cuantificación: El método debe ser lo suficientemente capaz para detectar y cuantificar el pesticida a niveles por debajo del límite regulatorio. No es necesario que mida concentraciones extremadamente bajas si estas no son relevantes desde el punto de vista de la normativa.
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Selectividad: El método debe poder distinguir el pesticida de interés de otras sustancias que puedan estar presentes en la matriz del agua.
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3. Control de Calidad en la Industria Alimentaria: Detección de Alérgenos
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Propósito: Detectar la presencia o ausencia de trazas de un alérgeno (como el cacahuete) en un producto alimenticio etiquetado como "libre de cacahuetes".
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Requisitos del método:
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Método Cualitativo con Alta Sensibilidad: El objetivo principal no es cuantificar la cantidad exacta de alérgeno, sino confirmar su presencia o ausencia. Por lo tanto, se necesita un método cualitativo con un límite de detección muy bajo para minimizar el riesgo para los consumidores alérgicos.
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Especificidad: Es crucial que el método no dé falsos positivos al reaccionar con sustancias similares que no son el alérgeno en cuestión.
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Parámetros Clave de la Validación
Para demostrar la "adecuación al propósito", se evalúan varias características de desempeño del método durante la validación. Algunas de las más importantes, según directrices como las de la Conferencia Internacional sobre Armonización (ICH), incluyen:
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Exactitud: Concepto general que describe la proximidad de los resultados al valor verdadero. Se define por la combinación de la veracidad y la precisión.
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Veracidad: La proximidad entre la media de una serie de resultados y el valor aceptado como verdadero. Mide el error sistemático del método.
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Precisión: El grado de concordancia entre una serie de mediciones obtenidas a partir de la misma muestra. Mide el error aleatorio e incluye la repetibilidad y la precisión intermedia.
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Especificidad/Selectividad: La capacidad de evaluar inequívocamente el analito en presencia de otros componentes.
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Linealidad: La capacidad del método de obtener resultados que son directamente proporcionales a la concentración del analito dentro de un rango determinado.
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Rango: El intervalo de concentración dentro del cual el método ha demostrado tener una veracidad, precisión y linealidad aceptables.
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Límite de Detección (LOD): La cantidad más baja de analito que puede ser detectada, pero no necesariamente cuantificada con precisión.
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Límite de Cuantificación (LOQ): La cantidad más baja de analito que puede ser determinada cuantitativamente con una precisión y veracidad aceptables.
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Robustez: La capacidad del método de no verse afectado por pequeñas y deliberadas variaciones en sus parámetros.
La validación y verificación de métodos analíticos son procesos esenciales que garantizan la integridad de los datos científicos. El principio de "adecuación al propósito" actúa como una brújula, guiando a los laboratorios para seleccionar y evaluar métodos que sean apropiados para su aplicación específica. Al comprender y aplicar estos conceptos clave, los científicos pueden tener la certeza de que sus resultados son fiables y que las decisiones basadas en ellos son sólidas, ya sea en la protección de la salud pública, la salvaguarda del medio ambiente o el aseguramiento de la calidad de los productos que consumimos.
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