El diseño de un laboratorio analítico es esencial para garantizar la calidad y confiabilidad de los ensayos y calibraciones, y su adecuada planificación se erige como requisito indispensable para la acreditación bajo la norma ISO/IEC 17025:2017. Este enfoque, basado en riesgos, requiere una distribución óptima del espacio para evitar contaminación cruzada, el control riguroso de condiciones ambientales (temperatura, humedad, ventilación y presión diferencial), así como la implementación de medidas de seguridad y ergonomía. Además, se destaca la importancia de contar con infraestructura y servicios confiables (electricidad, agua, gases y conectividad) que aseguren la operatividad continua del laboratorio. La integración de estos elementos, junto con procedimientos documentados para el monitoreo y respuesta ante desviaciones, constituye el pilar para obtener resultados exactos y trazables en el análisis, cumpliendo tanto con los requisitos técnicos como normativos.